Desde hace unas semanas la blogosfera gallega se deshace en elogios y alabanzas hacia un anuncio publicitario de los supermercados Gadis que hace un llamamiento al sentir gallego y que a pie de calle también gustó mucho.
A mi la verdad me pareció un anuncio como otro cualquiera, incluso hasta podría decir cargado de tópicos, facilón y resultón y desde luego yo creo que no muestra la realidad de qué es ser gallego. Para mi ser gallego abarca muchísimo más de lo que sale en ese anuncio, que solo se detiene a observar lo castizo, lo rural, lo arcaico… la pobre imagen que se tiene de Galicia fuera de ella, vamos. Hay más Galicia además de esa. Mucha más Galicia. Demasiada. Y esa es la Galicia que se debiera mostrar.
Hay una Galicia de trabajadores incansables y bajo salario, de tecnología y diversificación, de modernidad y cultura, de profundos valores y de escaso reconocimiento recibido, de altos impuestos y escaso beneficio, de paséo, tapas y etiqueta, de solidaridad, de inmigrantes y emigrantes todos ellos queridos, de apertura social y económica, de imperios empresariales y boticas de barrio, de campo y playa y sabor salado y de tantas y tantas cosas que no cabrían ni en la mochila del viajero, ni en sus sueños tampoco.
Pero claro, el recurso fácil es más barato y requiere menos esfuerzo intelectual: “póngame usted aquí unas gaitas, cuatro paraguas, al Celta, unos percebes, un par de vacas y ya está”. Claro, y Asturias es solo gaitas, sidra, Fernando Alonso, Leticia Ortiz y los Premios Príncipe. Que triste, oiga.
Si algo hay que reconocerles es que el anuncio es efectivo y resultón, con ese final apoteósico a la BraveHeart. Todo el mundo hablaba de el cuando se empezó a emitir y mucha gente sentía una punzada de fervor patriótico, que perfectamente comprendo.
Pero lo siento mucho. Para mi eso no es Galicia, ni vivir como gallegos se puede representar con un 3% de lo que significa ser gallego.
Claro que, al no ser yo de estas tierras, a lo mejor no tengo derecho a opinar al respecto. O quizás todo lo contrario, y verlo desde mi perspectiva resulta más imparcial. Quien sabe. Me da igual. A lo mejor me ampara el mayor defecto de los gallegos (y de los asturianos también, para qué nos vamos a engañar), que consiste en que lo que dice el foráneo tiene más peso que el credo.
La verdad, pensaba que era el único que pensaba de esta manera, hasta que leí un artículo de Xurxo Martínez en Vieiros en el que expresaba la idea de que existe una cierta hipocresía en todo este asunto. Me he permitido la licencia de traducir el texto:
“Pues para vivir cómo gallego es imprescindible el uso cotidiano del gallego, porque es mi (nuestra) lengua. ¿O no?
El anuncio de Gadis creó cierta euforia y éxito en unas masas hartas de tanto reproche españolista basado en tópicos empleados como ofensivos. El anuncio varía esa visión y hace del mal un bien. Y nadie le pone tachas. Se acogió favorablemente. A mí, me gustó.
Pero, yo me niego a vivir como gallego hablando castellano. Yo soy gallego y hablo gallego. Decía Éamon De Valera: “prefiero una Irlanda inglesa que hable gaélico que una Irlanda libre que hable inglés”. De Valera pensaba que algún día llegaría la libertad para Irlanda y que la lengua no podía ser moneda de cambio ni sacrificio a hacer. El gallego es un signo identitario, propio, singular. Esto claro está ya en los textos de la literatura gallega, desde un Xoán Manuel Pintos hasta un Manuel Antonio. Las originarias Irmandades da Fala nacen con un propósito: la defensa, exaltación y fomento del gallego. Os Villar Ponte considera la lengua como el principal factor en la configuración de Galiza como nación. Nadie discute hoy que el gallego es nuestro y que es cosa nuestra hablarlo.
El gallego lo es todo para poder vivir cómo gallegos y gallegas. ¿O acaso todo nuestra identidad se reduce al fútbol, la lluvia y la ironía?
¡Ojo! El anuncio está en gallego. Muy bien. Me congratulo. ¿Quién no? Pero yo entro en la tienda y miro: “alimento para animales”, “pescadería”, “frutería” (en castellano en el texto original)… Hablo en gallego a los empleados en una ciudad como Vigo (como en tantas otras) y me dicen: “está al fondo a la derecha” o “espere que ahora mismo le pregunto al encargado” (en castellano en el texto original). Miro los anuncios en papel del supermercado y todo está en castellano, los panfletos también, incluso el ticket de compra. Incluso en internet su página no está en gallego y ni tan siquiera posibilita leerla en nuestra lengua (hoy en día existe un traductor inmediato).
Yo para vivir como gallego necesito normalizar mi idioma. Es un derecho. Ojalá modifiquen esas actitudes y normalicen también el gallego en los supermercados, pues es lo mínimo y no cuesta tanto. La crítica es constructiva. Ahora le toca hablar a Gadis.”
Por si fuera poco hay quien insinúa o dice claramente que el tal anuncio podría ser un plagio, asunto este que incluso salió publicado en La Voz de Galicia, siendo censurado en pocas horas, aunque exista aun la página en la caché de Google.
Al final lo que yo decía, un vulgar anuncio, como cualquier otro.
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